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TLC. La
firma del Tratado entre Chile y Estados Unidos.
El Mercurio, 8 de Junio
de 2003. Alejandro Sáez Rojas.
En un palacio estilo
italiano de Miami se terminó por firmar el esperado acuerdo de libre
comercio. Una ceremonia austera pero emotiva abrió el paso para que ahora
sean los congresos respectivos los que se pronuncien.
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La banda de
norteamericanos con aspecto de marines terminó de emocionar a los
asistentes locales. Los azules instrumentistas entonaron la canción
nacional chilena como preludio de la firma de una de las alianzas más
importante suscritas por Chile en su historia. Al final, una ceremonia de
unión que amenazaba con ser clase B terminó a la altura de las
expectativas: sólo basta el pronunciamiento de los congresos para que el
Tratado de Libre Comercio entre Chile y los Estados Unidos sea una
realidad.
Doce años de
frustraciones concluyeron en un palacio estilo italiano en la ciudad de
Miami. Jeb Bush, el gobernador del Estado de Florida y hermano del
Presidente estadounidense, lo dijo de una forma gráfica: Miami ya no es
la puerta de salida del patio trasero. Ahora es la entrada al jardín
delantero. Una forma de expresar el objetivo estratégico del acuerdo con
Chile: darles a los demás países de América Latina la señal de que la
trayectoria económica seguida por Chile es el camino que seguir.
La cercanía de Miami con
la realidad latina hizo que la ceremonia fuera incluso más cálida. A lo
mismo aportó el hecho de que las autoridades firmantes no eran los jefes
de los respectivos estados. Eran también buena parte de los equipos
negociadores que estuvieron meses detrás del articulado final del Tratado
de Libre Comercio. Entonces, se conocían. Al punto que Robert Zoellick,
el encargado de Comercio de los Estados Unidos, trató de "querida
amiga" a la ministra de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear.
La lista de invitados
chilenos a la ceremonia la integraban algunos hombres de negocios que se
han avecindado acá, como Patricio Kreutzberger, el hijo que administra
los negocios de su padre, Don Francisco.
El palacio Vizcaya tiene
la tradicional estructura colonial, con corredores que dan hacia un patio
central que en la actualidad está techado. Cuatro columnas modernas
sostienen una estructura metálica que cobijó al improvisado auditorio
que se montó para la firma.
Al fondo del salón, una
escalera permitiría el descenso de una oficina del piso superior de la
canciller chilena y de Zoellick. Adornando casi todo el recinto, banderas
de ambas naciones.
Las mujeres se llevaron
varias loas en la ceremonia: "Regina Vargo, es usted
maravillosa", le dijo su jefe Zoellick a la norteamericana encargada
de negociar el TLC con Chile. Su buen humor y su perseverancia fueron
claves para avanzar en las conversaciones.
Soledad Alvear destacó
con brillo propio y habló incluso con visos de candidata: "El TLC
que hoy firmamos cuenta con un respaldo abrumador en la población.
Nuestro empresariado ha demostrado ver en la apertura oportunidades antes
que amenazas. Nuestros trabajadores asumen que es el camino de la
profundización exportadora el que permite mejorar las condiciones de
trabajo, elevar las remuneraciones y crear empleos de calidad".
El aplauso de los
privados asistentes fue cerrado. Pocos estimaron elogios para el acuerdo.
Los representantes empresariales chilenos destacaron el punto de que ahora
se viene el desafío de aprovechar las opciones que se abren. Que esa es
la única forma de convertir oportunidad en prosperidad, dijo el
presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio, Juan
Claro. Los particulares miraron en seguida el acuerdo como un desafío.
Mejorar la productividad de la economía a través de una mejor
educación, más aprendizaje del inglés, como idioma de los negocios, y
con mucho trabajo, porque "acá no se pueden hacer las cosas
regulares", dijo el empresario energético Manuel Santa Cruz.
Por Estados Unidos
también asistieron representantes de empresas importantes como la
Lockheed Martin, interesada en vender a Chile los F16 para renovar la
flota de aviones de la Fach, o Caterpillar, que es un proveedor de
maquinaria para la industria de la minería. Y UPS, que celebró que en lo
acordado con Chile se incluyeran cláusulas para el negocio de correos
privados como el que desarrolla.
Las expectativas para la
economía chilena son que el acuerdo pueda sumar un punto porcentual
adicional de crecimiento, por los distintos efectos combinados sobre los
mercados que ven ganar ventajas competitivas contra sus competidores, o de
aquellos que recuperan las que perdieron contra países que ya tienen
tratados con los Estados Unidos, como México.
El gobierno insistió en
que los consumidores se verán beneficiados con una reducción neta de
impuestos, pese al hecho de que para compensar la pérdida fiscal se
propone además aumentar el IVA. En Chile, por este hecho, la polémica ha
continuado.
Junto con la firma, las
autoridades hicieron un compendio de los principales aspectos del TLC. Las
más importantes están contenidas en las reglas para dar certidumbre al
comercio recíproco entre Chile y los EE.UU.
Detalles del Tratado
La Dirección de
Relaciones Económicas de la Cancillería (Direcon) sostuvo que con el
acuerdo Estados Unidos se comprometió a otorgar arancel cero para los
productos no agrícolas que en el futuro se incorporen al sistema general
de preferencias arancelarias (mecanismo vigente en Estados Unidos) y que
en el acuerdo aún no gocen de arancel cero. En especial, para lo que se
refiere al sector calzado.
El mismo gobierno chileno
dijo que tras la firma del acuerdo Estados Unidos se compromete a no
utilizar los subsidios a las exportación para bienes agrícolas que se
destinen a Chile.
También anunció la
creación de un comité especial para tratar los temas relacionados con
los programas de comercialización y calidad de Estados Unidos, que
afectan en forma especial a las exportaciones de fruta chilena.
El acuerdo implica
también que se acota el uso de salvaguardias para productos agrícolas y
textiles y Chile reafirma ante los Estados Unidos su restricción de
importar vehículos usados. De acuerdo con la Cancillería, se reconoció
como producto distintivo "el pisco chileno", el
"pajarete" y "vino asoleado". A nivel bilateral se
consagró el compromiso de no restringir exportaciones e importaciones y,
como ya se ha publicitado, se elimina en un plazo de cuatro años el
llamado impuesto al lujo.
Después de la firma,
corresponderá a los congresos de cada país pronunciarse por los detalles
específicos. Y a pesar de que el viernes se descorchó la champagne, no
es descartable que en el camino puedan quedar todavía varios puntos no
menores por resolver.
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