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La
caída del plan Auge
(El Mercurio, 20 de Abril
de 2003. LUZ MARÍA ASTORGA)
Borrón
y esquema nuevo hace el Gobierno con la propuesta inicial de reforma, Auge
incluido. La idea promocionada por Artaza no era viable, por lo que se
estudian nuevas formas para garantizar, al menos, cierto grado de atención.
Ahora el foco se pone en la atención primaria. Paciencia. A fin de año
habría algo sobre la mesa.
El
AUGE, tal como se publicitó hace un año y tres meses, se va a pique.
Imposible aplicarlo, imposible financiarlo, mejor olvidarse. La reforma
que viene tendrá otro tono, no incluirá un listado de enfermedades
dentro o fuera del plan, sino un criterio de prioridades donde pesará el
uso racional de los recursos para salvar vidas y la atención primaria,
que cobra sumo protagonismo.
Todo lo demás está por verse.
El AUGE se sincera, reconoce el nuevo ministro de Salud, Pedro García.
Hoy se está viendo qué se puede implementar. Y para eso, todos los
actores - autoridades, políticos y gremios- parecen bien dispuestos.
Quieren una reforma - a sabiendas que ya no será un cambio
revolucionario- , y desean sacarla adelante durante este año porque si
no, se transformará en una pesada mochila para el gobierno siguiente (lo
que explicaría, de paso, la buena disposición que tiene la Alianza para
enfrentar el tema).
"Esto es un monstruo y ya han muerto varios", reconoce García
convencido, al igual como lo estuvo el ex ministro Osvaldo Artaza, que él
sí va a poder concretar el cambio. Cree que conociendo al detalle el
plan, bajará la incertidumbre y, con ella, los temores de parlamentarios,
gremios e isapres. Por tanto, será posible alcanzar un acuerdo, dice.
Para eso trabaja él y su gente: para rediseñar nuevo plan y comunicarlo
bien.
La propuesta original - AUGE incluido- resultó inviable y urge encontrar
otra. Todo está analizándose y, probablemente, nada se conocerá hasta
fines de mayo, cuando la Secretaría Técnica entregue su primer informe.
Como balance para tres años de trabajo y polémica, la evidencia es
pobre, pero así están las cosas. Al menos eso quedó claro después de
la reunión que sostuvo el martes el Presidente Lagos con la Comisión de
Salud del Senado; y el ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre; su
asesor, Marcelo Tokman; el ministro secretario general de la Presidencia,
Francisco Huenchumilla y el coordinador de La Moneda con el Congreso, Luis
Sánchez Castellón.
Oficialmente, de ese encuentro se supo poco: Lagos dijo que se habían
alcanzado consensos, que habrá reforma y que será lo antes posible.
Sin afán de contaminar esa cuenta, hay que decir que el acuerdo
alcanzando es, al menos, sui generis: se limita a conceptos generales y a
la idea de que no puede establecerse ni una forma ni un plazo para la
aprobación de los proyectos de ley enviados a fines de 2002, después de
dos años de tira y afloja.
Según los senadores, la de Cerro Castillo fue una buena reunión, donde
se mostraron buenas disposiciones recíprocas y se vio a un Presidente muy
abierto a escuchar y a entender que, por más que quiera, no puede
presionar al Parlamento, como lo hizo en septiembre del año pasado,
cuando exigió acelerar la tramitación en la Cámara Baja, a disgusto de
diputados. El PPD Enrique Accorsi advirtió entonces que en democracia
"se necesita mayor espacio para el diálogo" y Cornejo anticipó
que "las posiciones encontradas no cambiarán, aunque se disponga de
más tiempo".
Hoy, a los dos se les está dando un poco de razón. Al cerrar abril de
2003, no hay proyectos aprobados ni criterios unificados sobre cómo debe
ser el nuevo sistema. Se sabe que la política de salud la fijará el
Estado; que habrá sistemas público y privado como aseguradores y
prestadores de servicios de salud; que existirán redes de atención; que
los cambios que se acuerden deberán aplicarse con gradualidad (no hay
capacidad para hacer otra cosa), y que a privados y estatales se les
incentivará a trabajar en forma coordinada, para cubrir mejor las
necesidades de los chilenos.
Para redondear, hay que decir que tampoco se ha avanzado milímetro frente
al espinudo tema de cómo se va a financiar el sistema de salud que para
el AUGE necesitaba $ 153 mil millones. Se sabe sí que - sin el plan
garantizado- se va a necesitar menos plata.
¿Será injusto decir que la prometida reforma está a la deriva?
Suena ingrato, pero...
Nada de "reforma revolucionaria"
En el ambiente oficialista, pesa esto del "proyecto estrella"
atrasado y debe doler la evidencia. Lagos no pudo cumplir sus metas en
salud y tuvo que aceptar ir de a poco, en la medida de lo posible; el
Colegio Médico ya siente que el plan que nunca les gustó va de bajada;
un peso-pesado como el senador Edgardo Boeninger reconoce que se trabaja
para hacer un "ajuste", y el médico y parlamentario Mariano
Ruiz Esquide no titubea al hablar de "reorientación". Ahora,
recalca, los énfasis estarán puesto en la salud primaria que es más que
consultorios, por supuesto. Se trata de una integralidad donde pesarán la
educación, prevención y calidad de vida de los chilenos. Mientras mejor
vivan y más se cuiden, menos llegarán a necesitar atención. Y si los
centros primarios tienen mayor capacidad de resolución frente a las
enfermedades, menos gente tendrá que ir a los hospitales, lo que redundará
en mejor administración y focalización de los recursos, cosa que aliviaría
paulatinamente al sistema.
Esa es una síntesis gruesa de lo que quisiera Ruiz-Esquide, pero no
refleja para nada lo que piensa Evelyn Matthei, la presidenta de la Comisión
de Salud del Senado. Ella, como economista, tiene un enfoque matemático
que, después de la reunión con Lagos, resumió así:
- Estoy optimista en que vamos a sacar no la reforma revolucionaria que se
planteó en 2002, pero sí un sistema donde se usen de manera más
racional los recursos.
Hay un cambio de énfasis, agrega, "en el sentido que no habrá un
divorcio tan brutal entre enfermedades del AUGE y enfermedades no AUGE,
sino una priorización hecha con un consejo de expertos". Se sigue
pensando en los tratamientos por protocolo médico con énfasis en
medicina basada en evidencia que, en simple español, Matthei lo explica
como tratamientos que demuestren efectividad a buen costo.
¿Y el énfasis en salud primaria del que habla Ruiz-Esquide?
Matthei le baja el tono:
- Eso ha estado siempre, en la salud primaria se debería atender al 90%
de la gente. El Presidente dejó en claro que va a aumentar el
presupuesto, pero no hubo más.
Sigue la incógnita del financiamiento
El senador institucional Edgardo Boeninger tiene otra lectura del proceso
y estado de la reforma. "Se ha ido despejando el panorama y el futuro
resulta promisorio", dice de entrada, advirtiendo que como todos
quieren algo bueno, "es difícil que esté listo antes de fin de año".
Detrás de la gradualidad, el fin del listado de enfermedades AUGE y no
AUGE, lo que se está buscando, indica, es una forma para rearmar la
discusión. Y existe unanimidad para fortalecer la atención primaria,
aunque "para darle mayor poder de resolución hay que darle tiempo y,
posiblemente, ni requiera cambios legales".
Entonces, lo que todos los chilenos pueden esperar es que "el primer
campo de aplicación del AUGE sea en el nivel primario". Ahí se
intentará solucionar el máximo de las enfermedades.
Y aunque el cambio de orientación resulta evidente, cuidadoso, Boeninger
sólo acepta hablar de "ajustes", reconociendo eso sí que el
tema de las platas sigue siendo un asunto sin tocar.
Durante las más de dos horas en que los senadores hablaron con Lagos
sobre el futuro de la reforma, no se dijo ni una palabra sobre el
financiamiento. Levita esa idea de que financiar con mayores impuestos al
diésel, tabaco, juegos de azar e hípica, como propuso el Ejecutivo, no
tiene piso político, por tanto, hay que irse con cuidado. Hacienda está
preparando una propuesta.
Habrá que esperarla, al igual que el informe que preparará la Secretaría
Técnica, integrada por epidemiólogos, sociedades científicas,
universidades y Ministerio de Salud. Ella debe entregar un análisis de la
capacidad real de la red asistencial, de los cuellos de botella, de las
inversiones que se requieren y de las nuevas prioridades epidemiológicas
que sucederán a las frustradas 56 enfermedades del frustrado AUGE que
lanzó el ex ministro Osvaldo Artaza, a fines de enero de 2002, pero que
elaboró la Comisión Reforma que dirige el doctor Hernán Sandoval.
La Secretaría tiene tiempo hasta el 30 de mayo. Entonces vence el plazo
de Mideplán para presentar proyectos de inversión para 2004 y el de
Hacienda, para recibir el primer bosquejo de demandas presupuestarias.
Mientras, en el Senado la Comisión Salud votará la idea de legislar el
proyecto de Autoridad Sanitaria y empezará a ver el de isapres.
Y eso sería todo, por ahora.
PLAZOS INCUMPLIDOS
Puertas abiertas con el Colegio Médico
Ninguno de los plazos que el Presidente Lagos planteó como imperativos
para la tramitación de la reforma se han cumplido. En principio, la Cámara
de Diputados debía tramitar los proyectos antes de cerrar 2002; luego
quedó para marzo y al cerrar abril, lo concreto es que ahí siguen semi
empantanados los textos relativos a Deberes y Derechos de los Pacientes
(enviado a fines de 2001), y los de Financiamiento y Gestión
Hospitalaria. Sólo han pasado al Senado los proyectos de Autoridad
Sanitaria e Isapres, y ya se anticipó que difícilmente podrán salir de
ahí antes de fin de año. "Hay que trabajar bien y trabajar en
serio", remarcó la senadora Evelyn Matthei, quien asumió la
presidencia de la Comisión Salud en marzo. Desde entonces, el grupo de
trabajo, donde manda la oposición - lo integran Mario Ríos, Alberto
Espina, José Antonio Vie- ra- Gallo y Mariano Ruiz-Esquide y asiste
Edgardo Boeninger- , ha sesionado 2 y 3 veces por semana, estrenando una
política de puertas abiertas: a las reuniones asiste como oyente el
Colegio Médico. |