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PREMIO
NOBEL DE ECONOMÍA 2002. ECONOMÍA EXPERIMENTAL Y PSICOLOGÍA
EVOLUCIONARIA: Las Evidencias
de Vernon Smith
Alvaro
Fischer Abeliuk Miembro de la NY Academy of Science (El Mercurio 18-11-02)
Paul
Samuelson afirmaba en su famoso libro de texto que la economía no era una
ciencia experimental. Sólo en la edición de 1985, casi 30 años después
de que Vernon Smith comenzara con sus experimentos y con la disciplina que
luego se conocería como economía experimental, Samuelson reconoció su
error y modificó su juicio. Asimismo, luego de la adjudicación del
Nobel, se supo que los primeros papers de Smith fueron rechazados varias
veces por la revista de la U. de Chicago, en cuyo comité se dice que
estaba el propio Milton Friedman. Los resultados experimentales de Smith
de esa época, que mostraban que los mercados funcionaban, no parecían
muy atractivos. Al respecto, Smith ironiza, "Chicago siempre asumió
que los mercados funcionaban, ¿para qué quería evidencia empírica?"
Economía
experimental
Estos
comienzos inciertos muestran las dificultades de establecer formas
distintas de pensar, aun entre los académicos mejor dotados. Proveniente
de una familia muy involucrada en política y una madre socialista, Smith
comenzó haciendo experimentos que pretendían mostrar las falencias de
los mercados. Sin embargo, los resultados que encontró fueron
sorprendentes. Los mercados no sólo funcionaban bien, sino que lo hacían
con supuestos más débiles de los que normalmente se afirmaba eran
necesarios. Por ejemplo, no era requisito la competencia perfecta para
lograr el equilibrio competitivo, sino que bastaban tan sólo unos pocos
actores. Esto le hizo cambiar su manera de entender la economía.
La
economía experimental mostró que era posible realizar ensayos
controlados y reproducibles que permitiesen establecer con validez científica
afirmaciones sobre fenómenos económicos. Por ejemplo, uno de los
primeros experimentos fue estudiar los remates dobles de un cierto bien,
en los que hay vendedores que tienen ciertas cantidades para vender y un
costo unitario mínimo que cubrir, y hay compradores que desean comprar
ciertas cantidades de ese bien y tienen un valor unitario máximo que están
dispuestos a pagar. Con esa información limitada, y realizando ofertas anónimamente
en un computador, que van subiendo, si son de compra, y que van bajando,
si son de ventas, Smith demostró en incontables ocasiones que los precios
de transacción siempre convergen al equilibrio competitivo, en el que
todas las partes maximizan sus ganancias como resultado del intercambio.
Influencia
de Hayek
El
también Premio Nobel de Economía, F. Hayek, había descrito a la
competencia en los mercados como un proceso de descubrimiento. Esto,
porque los agentes que participan en un mercado tienen información
parcial de lo que está ocurriendo, sólo conocen su "situación y
circunstancias" y por ello no pueden anticipar lo que ocurrirá como
producto del intercambio. En esas condiciones es que la competencia, tal
como lo muestran los experimentos, "descubre" los precios de
equilibrio, apoyada sólo en la información distribuida que cada
participante posee, en las reglas que definen las formalidades para
producir las transacciones y en el afán de cada uno de los partícipes de
maximizar su beneficio.
Smith
realizó también experimentos de remates con dos bienes, cuyos precios
dependen el uno del otro. Este caso puede ser descrito formalmente
mediante un sistema simultáneo de ecuaciones no lineales, que es difícil
de entender para las personas no familiarizadas con las matemáticas, y no
trivial de resolver aun para personas que sí saben matemáticas. Sin
embargo, unas pocas iteraciones de un grupo de individuos equipados tan sólo
con información respecto de su propia disposición a comprar o vender,
siguiendo unas sencillas reglas para hacer ofertas de compra o venta y
apoyados en los algoritmos mentales que los inducen a maximizar sus
ganancias, son capaces de resolver esas ecuaciones. Por eso Hayek hablaba
de la generación de orden espontáneo cuando se refería a estos procesos
asociados al mercado. Éste, a través de la competencia,
"descubre" precios, produce orden espontáneo y maximiza las
utilidades de los participantes.
Reciprocidad
Sin
embargo, los resultados más interesantes de la economía experimental
ocurren cuando se hacen experimentos con otros juegos, que intentan
entender la dinámica de interacción entre las personas. Uno que ha sido
profusamente estudiado es el "juego del ultimátum", en el que
participan dos personas.
A
la primera, el oferente, se le entregan 10 billetes de $1.000 y tiene que
decidir cuánto está dispuesto a entregarle a la segunda, el receptor; éste,
a su vez, tiene dos opciones: o acepta la oferta, en cuyo caso recibe ese
dinero y el oferente se queda con el resto, o rechaza la oferta, en cuyo
caso ambos reciben $0. La teoría económica tradicional supone que todos
los oferentes escogerán ofrecer el mínimo posible, $1.000, y que los
receptores la aceptarán, porque es mejor que nada. Sin embargo, los
resultados transculturales efectuados en innumerables ocasiones, aunque no
arrojan resultados idénticos, tienen un promedio de oferta
sorprendentemente cercano a la mitad del dinero en juego. Este resultado
se transformó en un puzzle que la comunidad económica debía resolver.
Vernon
Smith encontró la explicación a estos resultados acudiendo a la psicología
evolucionaria. Esta disciplina afirma que nuestra mente está compuesta de
mecanismos funcionales adaptativos diseñados por selección natural, que
les permitieron a nuestros antepasados cazadores-recolectores resolver
adecuadamente los problemas de supervivencia y reproducción. Esos
mecanismos son algoritmos cognitivos, procesadores de información, como
los que utilizamos para inferir el volumen, textura y forma de los objetos
a partir del reflejo de la luz sobre ellos, o los que constituyen nuestro
sistema emocional. Operan instintivamente y sin esfuerzo. Entre éstos, se
encuentra nuestra disposición hacia la reciprocidad, es decir, hacia el
intercambio de objetos, favores, afectos o confianzas.
Nuestros
parientes, los chimpancés, también hacen lo mismo. Comparten comida en
la tarde con quien los acicaló en la mañana, lo que se designa como
reciprocidad positiva, o tienden a no compartir su comida con quienes no
les gusta acicalar, lo que se designa como reciprocidad negativa. Nosotros
también lo hacemos, pues ayudamos a nuestros vecinos o invitamos a
nuestros amigos a comer, y esperamos que luego ellos hagan lo mismo con
nosotros; pero también dejamos de invitar a nuestra casa a quien nunca
nos invita a la suya. Este rasgo de compartir, colaborar o ayudar a los
demás, infligiéndonos un costo a nosotros y otorgando beneficios a
terceros, se denomina en biología un comportamiento altruista.
Ese
comportamiento no hace sentido evolucionario, porque incurrir en costos
que disminuyan las opciones de supervivencia y reproducción de manera
sistemática lleva, a través de las generaciones, a la desaparición, a
menos que esos actos altruistas traigan como consecuencia el recibir de
vuelta el altruismo de otros, de modo que todos ganen con ese intercambio.
Esto lo propuso por primera vez el biólogo norteamericano Robert Trivers
en una publicación de 1971, y denominó a ese tipo de conducta altruismo
recíproco. Esa hipótesis ha sido verificada empíricamente en diversas
especies, incluidos los humanos. Los experimentos de Smith sirvieron para
ratificarlo.
En
efecto, el altruismo recíproco, o la reciprocidad, como prefieren
denominarla los economistas, hace que en nuestras interacciones sociales
queramos ganarnos la reputación de ser otorgadores de favores, de modo de
poder recibir favores en el futuro. Este comportamiento es emocional e
instintivo y no frío y calculador, (aunque a veces puede serlo). Esa es
la razón por la cual, en el juego del ultimátum, los oferentes ofrecen más
de lo que les convendría si el juego se jugara una sola vez. No son
capaces de vencer sus instintos de reciprocidad y actúan como si se
tratara de una relación social normal.
Altruismo
y egoísmo
Sin
embargo, analicemos lo que ocurre en el juego del dictador, que es una
variante del ultimátum.
El
juego es idéntico, salvo que el receptor no puede rechazar la oferta, sólo
puede aceptarla. El monto ofrecido en este caso baja respecto del ultimátum,
pero no demasiado. Pero cuando el juego se hace de manera anónima, en la
condición experimental llamada "doble ciego", en que nadie
puede saber quién le ofrece cuánto a quién, un 64% ofrece $0 y un 18%
ofrece $1.000. Cuando el intercambio social es anónimo, no se gatilla el
instinto altruista, y las personas se comportan de manera egoísta.
Vernon
Smith concluye que el altruismo y el egoísmo son comportamientos que
coexisten en nosotros, y que se manifiestan según el contexto social en
que nos encontramos. En situaciones de intercambio social tendemos a ser
cooperadores, solidarios y altruistas, y en situaciones anónimas e
impersonales, tendemos a ser competitivos y egoístas. Un campesino puede
ser muy cooperador compartiendo su techo con un extraño, pero muy
competitivo cuando defiende el precio de sus productos en la feria. Un
legislador puede ser muy solidario cuando legisla para condonar deudas,
pero muy egoísta cuando quiere reelegirse.
Hayek
lo plantea diciendo que nosotros vivimos en dos mundos: por un lado, el
mundo de nuestro grupo social más cercano, en el cual somos cooperadores
y solidarios, y el mundo del orden extendido impersonal, en el cual somos
competitivos y egoístas. Ambos comportamientos maximizan la eficiencia en
cada uno de esos mundos. El problema es que si aplicamos las reglas del
intercambio social al orden extendido, desarticulamos la "mano
invisible" y su capacidad de generar riqueza, y si aplicamos las
reglas del orden extendido al mundo social cercano, lo destruimos.
Más
que un problema, este es un dilema, que está en la raíz de todas
nuestras discusiones políticas y morales. Nos gustaría ser solidarios a
nivel impersonal, pero no lo logramos, porque no estamos diseñados para
serlo, y cuando tratamos de forzar esa solidaridad, limitamos fuertemente
nuestra capacidad de generar riqueza. El siglo XX y los socialismos reales
se encargaron de demostrarlo con elocuencia.
Confianza
y castigo
Hay
experimentos con otros juegos de negociación, que permiten explicitar
otros mecanismos mentales tales como la confianza, la reputación y el
castigo. En la Fig. 1 el jugador 1 tiene la opción de jugar hacia la
derecha, que significa repartir equitativamente 20 dólares con el jugador
2, (10 para cada uno), o dejarle el turno al jugador 2, quien tiene ahora
que repartir 40 dólares, con dos opciones: la primera es quedarse con 15
dólares (más que antes) y entregarle 25 al jugador 1, o bien, quedarse
con los 40 dólares para sí y nada para el 1. La suposición de la teoría
de juegos tradicional es que si el jugador 2 tiene la oportunidad de
jugar, entonces elegirá quedarse con los 40 dólares.
En
la Fig. 2, en cambio, el jugador 1 puede repartir equitativamente 40 dólares,
o darle la oportunidad de jugar a 2, quien tiene dos opciones: o
entregarle 30 dólares al jugador 1 y quedarse con 10 (mover a la
derecha), o jugar hacia abajo, quedando ambos con 0. La suposición económica
tradicional es que el jugador 2 jugará a la derecha para quedarse con al
menos 10 dólares.
Pues
bien, las suposiciones tradicionales no describen lo que ocurre en la práctica.
En el primer juego, la mitad de los jugadores 1 eligen darles el turno a
los jugadores 2, y un 75% de éstos interpretan ese gesto como uno de
confianza y cooperan con 1 entregándole 25 dólares, en vez de quedarse
con 40. En el segundo juego, hay una proporción importante de jugadores 2
que se molestan con el hecho que el jugador 1 quiere quedarse con 30 dólares
en vez de repartir 20 para cada uno, y lo castigan jugando hacia abajo,
quedando ambos con cero. Smith y sus colaboradores han desarrollado
modelos que explican estos resultados recurriendo a diversos mecanismos de
la psicología evolucionaria, como la teoría de mente, el módulo para
detectar tramposos, la reciprocidad, la confianza, la reputación e
incluso el perdón. Esos mecanismos, que son gatillados de manera
instintiva, son más poderosos que el "cálculo racional" (esta
expresión debe tomarse con prevenciones) y generan estos comportamientos
que sólo ahora son posibles de incorporar a la teoría económica de
manera coherente.
Conclusiones
La
economía experimental está marcando nuevas pautas en el campo metodológico
y en el de las concepciones epistemológicas. Desde el punto de vista
metodológico, ha logrado trasformar a la economía en una ciencia
experimental, modelando y midiendo los comportamientos que los seres
humanos exhibimos en nuestro intercambio social y verificando sus hipótesis
mediante experimentos controlados y reproducibles.
Desde
el punto de vista epistemológico, al explicar sus resultados haciendo uso
de los mecanismos funcionales adaptativos que la psicología evolucionaria
ha podido establecer, construye vínculos entre psicología y economía.
Esto posibilita comprender los comportamientos económicos desde sus
constituyentes primarios, los mecanismos que fueron seleccionados
evolucionariamente en nuestra mente para producir conductas. De esa manera
se logra coherencia y unidad en las ciencias sociales, colaborando, de
paso, con el ideal de unidad del conocimiento del que E.O. Wilson habla en
su libro Consilience. Con ello, Vernon Smith le da un sentido más
universal a la economía, y este premio es un reconocimiento, entre otras
cosas, a ese hecho.
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